
La salud -decía Paracelso-
se funda sobre la Naturaleza, que es la medicina, y solamente en aquella deben
buscarla los hombres. La Naturaleza es el maestro del médico, ya que ella es
más antigua que él, y ella existe dentro y fuera del hombre. Bendito pues,
aquel que lea los libros del Señor y camina por la senda que ÉL le ha trazado.
Esos son los hombres fieles, sinceros, perfectos de su profesión; andan firmes
bajo la plena luz del día de la ciencia y no por los abismos oscuros del
error... Porque los misterios de Dios son infinitos; Él trabaja donde quiere,
como quiere, cuando quiere. Por
esto debemos investigar, llamar, interrogar. Y la pregunta nace: ¿Qué clase de
hombre debe ser aquel que busca, llama, interroga? ¡Cuán
verdadera deberá ser la sinceridad de tal hombre, cuán verdadera su fe, su
pureza, su castidad, su misericordia!... Ningún médico puede decir que una
enfermedad es incurable. Al decirlo, reniega de Dios, reniega de la Naturaleza,
desprecia el gran Arcano de la creación. No existe ninguna enfermedad, por
terrible que sea, para la cual no haya previsto Dios la cura correspondiente.
En cuanto al reconocimiento de la autoridad real a la institución médica facultativa expresa enérgicamente:
Aquel que puede curar las enfermedades es médico. Ni los emperadores, ni los papas, ni los colegios, ni las escuelas superiores pueden crear médicos. Pueden conferir privilegios y hacer que una persona que no sea médico aparezca como si lo fuera. Pueden darle permiso para matar, mas no pueden darle el poder de sanar, no pueden hacerle médico verdadero si no ha sido ya ordenado por Dios – y añade -: “El verdadero médico no se jacta de su habilidad, ni alaba sus medicinas, ni procura monopolizar el derecho de explotar al enfermo, pues que la obra ha de alabar al maestro, y no el maestro a la obra”.
En cuanto al reconocimiento de la autoridad real a la institución médica facultativa expresa enérgicamente:
Aquel que puede curar las enfermedades es médico. Ni los emperadores, ni los papas, ni los colegios, ni las escuelas superiores pueden crear médicos. Pueden conferir privilegios y hacer que una persona que no sea médico aparezca como si lo fuera. Pueden darle permiso para matar, mas no pueden darle el poder de sanar, no pueden hacerle médico verdadero si no ha sido ya ordenado por Dios – y añade -: “El verdadero médico no se jacta de su habilidad, ni alaba sus medicinas, ni procura monopolizar el derecho de explotar al enfermo, pues que la obra ha de alabar al maestro, y no el maestro a la obra”.
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